lunes, 29 de diciembre de 2008

EL PERIODISMO ECONÓMICO Y LA CRISIS

En los últimos meses, en el mundo entero se abrió una polémica que pone en tela de juicio cuál es o cuál debería ser el rol del periodismo económico frente a la crisis financiera mundial.
¿Son los periodistas económicos responsables de la crisis internacional?
¿La información publicada profundiza el temblor financiero?
¿Hay que amordazar a la prensa en épocas de crisis, y así evitar el contagio?
Aunque parezcan planteos un tanto extremistas, a mi juicio, la realidad es que el debate se instaló en Gran Bretaña y se expande por el mundo, al igual que las turbulencias bursátiles y la recesión.
El Parlamento inglés analiza ponerle trabas al periodismo especializado en finanzas.
Hay proyectos para censurar notas consideradas sensibles por el mundo financiero, y de esta manera incentiva el gasto en las familias y por lo tanto ayudar a la economía. Según los expertos, si cae el consumo, cae la confianza que repercute en las empresas y aumentan los despidos, un efecto ‘bola de nieve’ que termina afectando a todo el mundo.
La polémica estalló en Inglaterra hace algunas semanas. En el centro quedó el periodista Robert Peston, conocido entre sus colegas por su extensa carrera en la BBC y en otros medios, pero que recién pasó al estrellato con dos primicias que sacudieron a la City londinense y al resto de los centros bursátiles: primero, la extrema debilidad por la que atravesaba el banco inglés Northern Rock y, luego, la crisis del Royal Bank of Scotland y del HBOS. A poco de publicarse la información, las entidades financieras debieron ser rescatadas por la corona británica para evitar la bancarrota. La nacionalización se produjo a pesar de que todas ellas habían recibido cerca de 100 mil millones de euros de auxilio.
El caso de Gran Bretaña no es el primero. En Letonia encarcelaron a un periodista económico que contó la debilidad del sistema financiero de su país. Los críticos de Peston aseguran que la crisis se ahondó por culpa de la publicación de datos sensibles a la actividad financiera. Y que sus reportes no hicieron otra cosa que acelerar la corrida contra los bancos.
Ahora, en Gran Bretaña existen propuestas como la de Richard Lambert, director general de la cámara empresarial británica CBI, que directamente pidió que, mientras dure la crisis, los periodistas eviten términos como “pánico”, “miedo” o “caos”. Y que se formen tribunales para dictaminar sobre la labor de los trabajadores de prensa.
El Comité de Economía de la Cámara de los Comunes discute la inclusión de un capítulo dedicado al periodismo dentro de una nueva regulación del sistema financiero. La idea es que haya más controles a los bancos, pero también a los medios de comunicación. La asociación de medios de Gran Bretaña, con el Financial Times a la cabeza, como grupo de prensa especializado, reaccionó contra las intenciones de censura.
Los periodistas británicos respondieron algo muy lógico: “se nos tendría que dejar hacer nuestro trabajo: informar de lo que pasa y si lo que pasa es malo pues que la población lo sepa para atenerse a ello. No se puede controlar toda la información porque vivimos en una sociedad global en donde la información es inmediata y permanente”.
He aquí la polémica. Personalmente, creo que sería matar al mensajero que da cuenta de los males, y que mejor que censurar las malas noticias. También considero que regular a la Prensa para que evite utilizar determinadas palabras como pánico, miedo o caos me parece lisa y llanamente una estupidez. Es verdad que la prensa influye en el ánimo de las personas y también en las decisiones que toman con respecto a su dinero, pero de ahí a culparlos por la crisis me parece demasiado. Es darle un poder a la prensa que no a todas luces no tiene. Las mentes brillantes del Gobierno británico deberían pensar en crear políticas que construyan buenas noticias, y no censurar las malas.
Y por otro lado, en EE.UU. también se ha criticado mucho a la prensa de ese país porque, según dicen “los periodistas fueron sorprendidos por esta crisis durmiendo la siesta, junto con la mayoría de los reguladores financieros, políticos y gobiernos.
Entonces, por un lado se acusa al periodismo económico de profundizar, sino causar, la crisis financiera global. Y por el otro, se le critica por no haberla anticipado debidamente.
Lo cierto es que el periodista vive en una continua crítica bien por pasividad, o bien por alarmismo, manejándose en un difícil equilibrio entre un hipotético abandono de sus deberes profesionales al no haber anticipado la crisis y por la propagación de la incertidumbre y la desconfianza entre consumidores e inversores.
Para sumar a este debate, recientemente se publicó una investigación realizada por el observatorio Polis Media, titulado “¿Para qué sirve el periodismo económico?”, en donde se han entrevistado a periodista financieros del Reino Unido y EE.UU. de medios como Bloomberg, el Wall Street Journal o el Financial Times, entre otros.
El informe, que trata de fotografiar en su contexto a la profesión periodística, dirige su objetivo hacia la ética y la responsabilidad en una crisis financiera como la actual.
El estudio pone además sobre la mesa los ingredientes necesarios para debatir si los derechos adquiridos por el periodismo, especialmente el especializado en economía, son directamente proporcionales a su responsabilidad con la sociedad.
En sus páginas, el estudio abre un abanico de preguntas a las que somete al nuevo periodismo emergente, el digital y a los blogs. ¿Cómo puede aplicarse el marco ético y profesional si precisamente ahora es casi imposible distinguir a los que están adentro del círculo de la profesión de los que no?
El estudio considera que sería necesario crear una institución interna capaz de permitir que la profesión se autorregule y así se utilicen de una forma éticamente correcta los privilegios, delimitando quién los tiene y quien no (qué periodistas y qué bloggers). En caso contrario, esos privilegios deberían diluirse, ya que pueden darse casos de informadores que lucren personalmente gracias a los datos e influencia que manejan.
Su tesis es que “no hay evidencias de un trastorno en las normas éticas ni de graves niveles de negligencia en el periodismo financiero actual, pero hay una sensación generalizada de que los retos a los que se enfrentaba tradicionalmente un periodista financiero, como el de no se utilizado por sus fuentes, el mantenimiento adecuado del escepticismo o el de conseguir la exclusiva sin caer en maldades, están siendo redefinidos en el contexto de las nuevas tecnologías.
A mi juicio, el periodista debe informar. No es un político, ni un juez, ni un adivino, ni un visionario. Es un periodista que interpreta una información a su manera, consultando muchas o pocas fuentes, con mayor o menor precisión. Pero no le cabe al periodismo solucionar temas de política económica.
Aunque sí creo que la profesión de periodista económico o bursátil tiene una responsabilidad extrema, al poder influir en el manejo del dinero de las familias.
Una linda polémica para despedir el año.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El periodista no tiene responsabilidad en el surgimiento de la crisis, pero si tiene poder de influir; la información que transmite, ese conocimiento, le brinda un determinado poder, que debe ser utilizado con extrema responsabilidad por quienes ejercen la profesión. Particularmente nuestro país, nuestra sociedad, ha sido victima de varias crisis, la ¨sensación¨ de inseguridad económico-jurídica, esta a flor de piel; cualquier información de riesgo alarma, a cualquier ciudadano, y el efecto cadena, se torna inevitable...
El periodista debe informar, con claridad, veracidad y responsabilidad. El ciudadano común confía en quien brinda una información y dice ser especializado, en este punto ese poder de influir es innegable....
Controlar el periodismo es censura, pero que sucede con la falta de veracidad, la especulación y mala interpretación de la información?
En fin ... me encuentro enredada en mi comentario, creo que la responsabilidad profesional es el punto de partida, pero quién lo mide y cómo lo mide? Deberá ser el mismo periodista, con real conciencia profesional, quien ejerza ese control? No lo sé... quizas algún periodista pueda responderme...