Sin dudas, las fugas de información, o filtraciones, o utilización de información privilegiada es uno de los temas más complejos de manejar en los mercados bursátiles.
Se considera información privilegiada a los datos que, siendo relevantes, no fueron divulgados públicamente.
Los directivos y empleados de empresas que cotizan en Bolsa que acceden a información confidencial de la empresa se encuentran legalmente obligados a preservar la confidencialidad de esos datos, e inhibidos a utilizar esa información para provecho propio de terceros.
En los mercados de capitales de todo el mundo existen fuertes sanciones para las empresas en caso de comprobarse este tipo de maniobras. Es por ello que las grandes compañías suelen tener códigos de políticas y prácticas en la información que se le da al mercado.
Aunque parezca mentira muchas filtraciones se producen por descuido. Un error al apretar el botón “responder a todos” puede enviar un mail con información confidencial a destinatarios no deseados. También las charlas informales entre colegas en pasillos o reuniones informales, pueden ser vehículos de fugas.
Los especialistas en comunicación y prensa institucional piden que los directivos de las empresas entiendan las implicancias y la importancia de la confidencialidad de la información no solo en entrenamientos sino en cláusulas contractuales, mediante acuerdos de confidencialidad, que también alcance a los empleados de la compañía.
Varias empresas cotizantes tienen códigos de ética que imponen “reserva” a quienes tengan acceso a información privilegiada de la compañía, lo que además no podrán obtener ventajas, para sí o para otros, mediante la negociación de valores negociables de la empresa. Como es el caso de Petrobrás. También, el BBVA Banco Francés advierte a sus empleados sobre la “difusión voluntaria y maliciosa de información falsa o engañosa, incluso de rumores, con la pretensión de inducir a terceros a la compra, venta o mantenimiento de los activos o productos” de la entidad, y el del Banco Itaú condena los “comentarios que puedan afectar la imagen de la organización o contribuir para la divulgación de rumores sobre los competidores.
Y, finalmente, las fugas de información también pueden tener otros formatos, sobre todo en el terreno de la política.
Muchas veces, el Gobierno filtra información sobre alguna medida que planea tomar sólo para tomarle la temperatura a la opinión pública. Es el famoso globo de ensayo y, si la reacción es adversa, la decisión queda en un cajón y un vocero saldrá oficialmente a desmentir el rumor. Esto también se denomina en el periodismo pescado podrido.
En otro aspecto, muchas veces, las filtraciones de asuntos políticos suelen ser el origen de las falazmente llamadas “notas de investigación”, pues no nacen de la iniciativa de un periodista de indagar sobre un determinado asunto, sino de una fuente interesada en que determinados datos –secretos o no, verdaderos o incluso falsos – se conozcan públicamente. Es lo que también se llama “periodismo de filtración”.
Este tipo de acciones suelen dar pie a verdaderas investigaciones periodísticas, sin embargo, muchas de las supuestas notas de investigación que leemos en la prensa no cumplen con el requisito de chequear exhaustivamente los datos, analizar su veracidad y verificarlos por medio de otras fuentes; como también indicarle a los lectores de qué manera el periodista recibió la información; por lo que simplemente son la publicación de lo que una fuente interesada le acercó a un periodista.
(Fuente de datos: Revista Imagen)
Se considera información privilegiada a los datos que, siendo relevantes, no fueron divulgados públicamente.
Los directivos y empleados de empresas que cotizan en Bolsa que acceden a información confidencial de la empresa se encuentran legalmente obligados a preservar la confidencialidad de esos datos, e inhibidos a utilizar esa información para provecho propio de terceros.
En los mercados de capitales de todo el mundo existen fuertes sanciones para las empresas en caso de comprobarse este tipo de maniobras. Es por ello que las grandes compañías suelen tener códigos de políticas y prácticas en la información que se le da al mercado.
Aunque parezca mentira muchas filtraciones se producen por descuido. Un error al apretar el botón “responder a todos” puede enviar un mail con información confidencial a destinatarios no deseados. También las charlas informales entre colegas en pasillos o reuniones informales, pueden ser vehículos de fugas.
Los especialistas en comunicación y prensa institucional piden que los directivos de las empresas entiendan las implicancias y la importancia de la confidencialidad de la información no solo en entrenamientos sino en cláusulas contractuales, mediante acuerdos de confidencialidad, que también alcance a los empleados de la compañía.
Varias empresas cotizantes tienen códigos de ética que imponen “reserva” a quienes tengan acceso a información privilegiada de la compañía, lo que además no podrán obtener ventajas, para sí o para otros, mediante la negociación de valores negociables de la empresa. Como es el caso de Petrobrás. También, el BBVA Banco Francés advierte a sus empleados sobre la “difusión voluntaria y maliciosa de información falsa o engañosa, incluso de rumores, con la pretensión de inducir a terceros a la compra, venta o mantenimiento de los activos o productos” de la entidad, y el del Banco Itaú condena los “comentarios que puedan afectar la imagen de la organización o contribuir para la divulgación de rumores sobre los competidores.
Y, finalmente, las fugas de información también pueden tener otros formatos, sobre todo en el terreno de la política.
Muchas veces, el Gobierno filtra información sobre alguna medida que planea tomar sólo para tomarle la temperatura a la opinión pública. Es el famoso globo de ensayo y, si la reacción es adversa, la decisión queda en un cajón y un vocero saldrá oficialmente a desmentir el rumor. Esto también se denomina en el periodismo pescado podrido.
En otro aspecto, muchas veces, las filtraciones de asuntos políticos suelen ser el origen de las falazmente llamadas “notas de investigación”, pues no nacen de la iniciativa de un periodista de indagar sobre un determinado asunto, sino de una fuente interesada en que determinados datos –secretos o no, verdaderos o incluso falsos – se conozcan públicamente. Es lo que también se llama “periodismo de filtración”.
Este tipo de acciones suelen dar pie a verdaderas investigaciones periodísticas, sin embargo, muchas de las supuestas notas de investigación que leemos en la prensa no cumplen con el requisito de chequear exhaustivamente los datos, analizar su veracidad y verificarlos por medio de otras fuentes; como también indicarle a los lectores de qué manera el periodista recibió la información; por lo que simplemente son la publicación de lo que una fuente interesada le acercó a un periodista.
(Fuente de datos: Revista Imagen)
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